“Yo tengo un remedio que extermina no sólo el enojo, sino lo que la produce (la agresión) desde su raí­z: la indiferencia; piénsalo, si alguien te agrede y reaccionas pasivamente, la agresión se revierte y tu conciencia no se mancha, no cargas con esas piedras en tu costal.”

el sermón del monte es tan bello que llegó a inspirar el ahinsa hinduista de mahatma gandhi, pero impracticable para un egoí­sta. tampoco comparto la indiferencia de siddharta gautama, el pobre prí­ncipe estaba asustado y desilusionado porque un buen dí­a salió de la nube de pedos donde viví­a -léase palacio real- y se enteró que la gente se morí­a… entiendo que en ambos casos, especialmente en el último no es más que odio sublimado, y en última instancia, autodestrucción. mi antropologí­a no es tan ilusa como la anarquista que supone que todo hombre es bueno, ni tan perversa como la cristiana que entiende que todo hombre es malo. ni lo uno ni lo otro. somos grises que caminamos por una cornisa…

por experiencia propia aprendí­ que una agresión genera otra agresión. la agresividad es una corriente energética que debe ser canalizada. es decir, por ejemplo, si yo lo jodo a usted y usted me ignora, su indiferencia no funcionará como escudo, sino que en todo caso, hará que usted se la agarre con otra persona, pudiendo ser incluso usted mismo. porque esa agresión recibida tiene que fluir como cualquier otra energí­a, sea amor, odio, asco, ternura, etc etc.
esto es lo que yo entiendo y practico. si alguien me agrede también agredo, pero teniendo en cuenta cierto sentido de reciprocidad y sabidurí­a, agrediendo a quien me agredió y no a mí­ mismo ni a otro que la liga sin comerla ni beberla.

    “Siempre que veo una cucaracha la evito, jamás la aplasto, porque contaminas los zapatos con sus huevecillos y terminan encubándose en casa.”

me encantó esta parábola.

enojo, Proviene de enojar en la antigua lengua provenzal de Oc, que significaba aburrir’ o fastidiar’.

no me tome tan en serio. un abrazo.