recuerdo aquellas épocas de discusiones teológicas y debates bizantinos que como tales, resultaban poco fecundos y desligados de la realidad.

una de las discusiones más reñidas fue una tarde con un compañero de estudios. un tipo realmente culto, inteligente y de gran vocabulario.

se fueron los pastores y sus familias, la gente, los obispos y los diáconos y nos quedamos nosotros, ambos lideres de jóvenes, y todos los que querí­an escuchar. la mayorí­a de las veces éramos todos de la misma edad, pero de vez en cuando se quedaba gente “mayor” -carajo, de la edad que tengo ahora-. muchos se quedaban para escuchar porque aprendí­an, otros, la mayorí­a, de aburridos que estaban el sábado a la noche, y todos en general, porque después salí­amos a comer pizza por colegiales o chacarita.

la verdad es que este pibe tení­a más conocimientos que yo, pero decí­a que le gustaba discutir conmigo porque lo hací­a pensar. mientras que él se habí­a criado en la iglesia, yo era una especie de injerto que tení­a una doble cultura: la cristiana y la mundana. siempre bromeaba con que él era como pedro y yo era como pablo.

después de leer a cioran dejó de parecerme un elogio la comparación…

debido justamente a que su formación era más completa que la mí­a, organizábamos las polémicas con una semana de anticipación y convení­amos los roles.

esa noche se discutí­a acerca del paraí­so. es verdad que no es un tema que afecte demasiado a protestantes que en la práctica no creen demasiado en grises como paraí­so, seol, seno de abraham, hades y purgatorios varios… para un evangélico la cosa es cielo o infierno…

aun no sabí­amos que estábamos por meternos en un territorio escabroso. como en todas las ocasiones, mi función era la de “abogado del diablo”, osea, contradecir la doctrina. respaldado en el amplio conocimiento que tenia “pedro”, el pastor se iba tranquilo a su casa. siempre me ganaba las discusiones pero aquella semana además de “estudiar” cambié de táctica…

el formato de polémica era 1) cada uno su exposición de textos bí­blicos en diferentes traducciones 2) polémica en sí­ 3) ante alguna “aparente contradicción” bí­blica se apelaba a las palabras directas de jesús.

esa noche no podí­amos salir del punto 3.

ambos citamos Lucas 23:43 pero en diferentes traducciones:

a) Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, hoy estarás conmigo en el paraí­so

b) Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo hoy, estarás conmigo en el paraí­so

-estás citando una traducción de los testigos de jehová…
-no sé, aquí­ en la tapa dice “santas escrituras”

-esa biblia está mal traducida! no cuenta.
-¿porqué?

-ya lo dije. porque es una traducción de los testigos de jehová.
-¿hay biblias verdaderas y biblias falsas?

-no digas eso! pedro comenzaba a ponerse nervioso
-no lo digo yo, lo estás diciendo vos…

-yo no dije eso!
-¿ustedes que entendieron? pregunté al “público”

la audiencia comenzaba a dudar. la herejí­a tiene siempre sabor a fruta fresca…

-vamos al griego! eso significaba acudir al texto en lengua original
-me parece que no te conviene ir al griego…
-¿qué querés decir?
-que el koiné no tiene puntuación…

esa noche no se hallaron conclusiones. quedamos en que se estaba haciendo tarde y nos cerrarí­an todas las pizzerí­as… el sábado siguiente continuarí­a.

cerramos la iglesia y nos fuimos todos caminando hasta imperio. estábamos a unas diez cuadras. el ambiente habí­a quedado raro. pedro no habí­a ganado, tampoco pablo, digamos que fue tabla…
al sábado siguiente vino el pastor y nos predicó acerca de la rebelión de coré y por supuesto, que fue la última reunión de jóvenes cristianos con discusiones bí­blicas.

no fue por ego o vanidad, no me molesta perder. el problema era que siempre pasaba lo mismo. esa noche comprendí­ que al menos en las lenguas romances, una leve coma puesta casi en el mismo lugar, modifica por completo el significado de un texto. también comencé a entender que para ganar una discusión no hace tener razón, alcanza con desprestigiar las palabras del otro.