en salvador el día tiene cuatro horas y el mes siete días: nunca me alcanza el tiempo. casi no duermo y termino volviendo días después de lo planeado. con todo ese cansancio acumulado viajaba de vuelta en un bus desde sao paulo hasta porto alegre que cuando llegara faltaría aun otro bus hasta buenos aires. necesitaba un formón para volver a dibujar mis asentaderas. no era un tren de la plata a constitución, no podía fumar ni caminar. estaba como un león enjaulado, y aunque había parado unos días en sampa para descansar y visitar algunas librerías, candomblés y restaurantes de sushi, la verdad es que estaba pasado de sueño. molesto y fastidioso como se ponen las criaturas.
caminé hasta donde estaba el acompañante del chofer para preguntarle cuánto faltaba para la próxima parada. respondió el conductor que en unos minutos llegábamos mientras su compañero dormía. volví al asiento más tranquilo y de la nada apareció una morena con trencitas largas y trabas con los colores de etiopía, preguntando en español si podía sentarse a mi lado.
quién podría negarse?
yo no. mucha mejor compañía que a la ida, al menos, el panorama pintaba más entretenido.
su nombre era luana y no tenía apenas 20 como aparentaba sino 27… otra coisa -pensé pra mim. volvía a su ciudad, porto alegre. le gustaba mucho argentina. por esa razón se acercó, para practicar español. nos pusimos a hablar de música. conocía a spinetta, leon gieco, charly garcía y a fito paez. obviando al último, comencé a contarle algunas anécdotas del rock argentino…
llegamos -un poco más tarde de lo anunciado por el chofer- a la única parada que tendríamos. el resto sería s;olo para descender pasajeros y entregar equipaje.
bajamos al lanchonette pero ninguno de los dos tenía intenciones de cenar. compré dos latas de skoll y le convidé una. aproveché esos cuarenta minutos para fumar a destajo sin parar de hablar de argentina.
volvimos al bus y me senté del lado de la ventanilla. hablamos hasta que nos dominó el sueño. nunca supe cuánto tiempo había pasado, pero al despertarme, la garota estaba recostada sobre mis rodillas. no me molestaba la idea de tener esa boquita tan cerca de mi entrepierna. la tentación era muy grande, y aunque tampoco sé cómo, logré conciliar el sueño otra vez.
al rato sentí que besaban mi cuello. hice que estaba dormido pero evidenciando lo contrario. ella sonrió y puso carita de cordero desgollado. aproveché la mínima iluminación, corrí sus trenzas dejando su cuello desnudo y la besé. actué con delicadeza, preferiendo manejarme en reflejo y esperarla para ver hasta donde llegaba. si ella me besaba yo la besaba, y si me tocaba repetía sus movimientos.
nos quedamos así durante un rato largo, hasta que rompí el espejo. abrí mi bragueta y le llevé la mano. la mantuvo pero sin moverla. con mucha suavidad la tomé por la nuca y le di un levísimo empujoncito para insinuarle mis intenciones.
de dos cosas estoy seguro. en principio, que entendió perfectamente lo que pretendía, y segundo, que conocía más de cultura argenta de lo que demostraba. deducción a la que llegué cuando me respondió:
-veja! que sou gaúcha nao gaushita…