de acuerdo con la concepción nagó, el ser humano consiste en una conjunción de elementos. el primero de los cuales es el cuerpo, que los mitos describen como moldeado por dios de barro elemental.

el segundo es el principio de la vida -emi- soplo, respiración, que anima la materia y crea la diferencia entre un cuerpo vivo y uno muerto; emi es traducido por espíritu o alma.

el tercero es la cabeza -ori-, es responsable de la consciencia, de los sentidos, de la inteligencia. el ori está constituido por una parcela de una sustancia ancestral que varía según los individuos. estas sustancias son simbolizadas por grupos de orixás. dichas sustancias deben ser entendidas en un sentido espiritual y el ori o cabeza que oxalá atribuye a cada nuevo ser que nace es una fracción del espíritu de los antepasados.

el cuarto elemento es manifestación individual del principio de expansión de la materia, personificado por exu, que retiró de la materia y de las sustancias ancestrales las fracción que constituyen al individuo. este elemento -bará- es responsable del equilibrio fisiológico, la conservación, la reproducción de la vida, y está ligado a la boca, al estómago, al sexo, a la comunicación y al lenguaje.

el último elemento que la persona adquiere es el orixá individual. es decir, el quinto elemento tal vez no se llegue completarse realmente porque se trata de la manifestación singular de una de las divinidades del panteón. posee las características generales de esta divinidad, pero se distingue por símbolos propios, funciones específicas, trazos psicológicos individuales.

los elementos de la persona son dobles: a cada uno de ellos corresponde en el mundo sobrenatural, un orum que es fijado en nuestro mundo -aiê- en un objeto material. gracias a este assentamento, es posible entrar en contacto con la parte sobrenatural de nuestro ser, fortificarla por medio de ofrendas que serán retribuidas en forma de salud, vigor, prosperidad.

el candomblé concibe al mundo sobrenatural como una especie de mundo paralelo, complementario, que mantiene con nosotros constantes cambios de materia y de fuerza,en las cuales conviene preservar el equilibrio, restituyendo por medio de ofrendas la sustancia que se recibe del orum.

orum y aiê se nutren mutuamente.