del libro O Candomblê da Bahia.
roger bastide.
capítulo cuatro:exú (parte 2)
tradutore e traditore: vadinho
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En las encrucijadas o en las calles más deshabitadas de Bahía, son halladas innumerables veces, gallinas muertas, generalmente conteniendo en las cavidades granos de maíz, monedas, cajas de fósforos, pedazos de tabaco de cuerda. Son ebós, sacrificios hechos para Exú, por ejemplo, restos de un padê que fueron arrojados fuera del santuario. Las personas se asustan porque algo de la fuerza mística continúa palpitando en esas gallinas muertas que alguien podría encontrar al volver a su casa o cuando está paseando. Basta con haber tocado una con el pié para caer enfermo, para creer que la divinidad está castigando. Pasando así, insensiblemente de ebó concedido como sacrificio religioso para el ebó mágico. Este consiste en introducir voluntariamente la fuerza malévola de Exú en un animal, colocándolo en el tránsito del individuo considerado enemigo o enterrándolo a sus puertas.11

Clubes de fútbol hacen uso del ebó unos contra otros, jefes políticos contra adversarios -no temiendo en dar grandes cuantías y pagar el viaje de avión a famosos mandingueiros de Bahía para deshacerse mágicamente de ministros y hasta mismo de presidentes de la República. Como existe también envidia entre terreiros, los propios babalorixás no dejan de servirse entre sí de esta temible arma. Ya vimos, a propósito de los tambores, que era suficiente colocar las baquetas -palillos- con que son tocados esos instrumentos cerca de un Exú para que el maleficio se introduzca en la fiesta:
El tamborilero, que guarde algún rencor de un candomblé, traerá consigo, secretamente, un palillo que haya estado al pié de Exú para que el maleficio pueda, cuando astutamente introducida en la ejecución, se cree que la ceremonia quede desorganizada [...] Ese miedo de la magia explica porque los tambores y otros instrumentos en Bahía son tan raramente tomados prestados 12
Es cierto que en Bahía existe la magia blanca lado a lado con la magia negra –magia de protección contra las enfermedades, desgracias o muerte, al lado de la magia ofensiva. La magia blanca tiende a tomar la forma de amuletos o de talismanes, como el uso de la figa, o de oraciones católicas medievales escritas en pedacitos de papel y colgados al cuello, mientras que la magia negra tiende a tomar la forma del culto a Exú. En el lenguaje popular, se trasluce bien esta tendencia: Colocar un Exú en el camino significa llevar el mal a la vida de alguien y tener a Exú en la cabeza significa enloquecer.13
Sin embargo la utilización diabólica de Exú es principalmente obra de los candomblés bantúes: Sus jefes religiosos se especializan muchas veces en la fabricación de estatuillas de Exú volviéndose en sus celosos servidores y obedeciéndoles ciegamente; bajo sus órdenes, salen a la noche del peji y van por todas partes a desparramar desgracia y muerte:
El caboclo Severiano Manuel de Abreu –hoy pacato jefe del grupo espirita Paz, Fé, Esperança y Caridade da Caixa-Dágua, y cabo electoral de la zona–, cuando todavía era poseído por Jubiabá, es decir, por Santo Tomé, hacía nacer en su cobertizo toda una “aldea” de diablos –la aldea del Jefe Cunha [...] 14 y esos diablos o Exús creados por el babalorixá podían enviar a voluntad a sus enemigos a la casa de los muertos –A Cazua de Kimbe, como dicen los negros bantúes de Bahía.
El pai-de-santo Manuel Paim [...] gobernaba los Exú de su roça en la cabula y podía hacerlos pasear a deshoras por el Alto de Abacaxí, alguno que otro montaba guardia al pequeño cobertizo que poseía en los fondos de su casa.15 ¡Es en vano agregar que tales paseos no podían ser, ciertamente muy… católicos!
Cuando en estos candomblés bantúes una hija-de-santo se ve poseída por Oxóssi, identificado con San Jorge, viste un ropaje blanco, amarillo y azul o verde, agarrando o simulando que agarra una lanza con la cual golpea a Exú que imagina reptando a sus pies, representando al santo que venció al demonio atravesándolo con su lanza.

Los candomblés tradicionales que se rehúsan a trabajar con la magia, o según su expresión, trabajar por izquierda, toman todo el cuidado para no confundir a Exú con el diablo. Entre ellos es que encontramos, por consiguiente y como veremos en breve, la verdadera fisonomía de esta calumniada divinidad. Aunque debamos convenir que esta caracterización no dejó de ejercer, en parte, su influencia.
Eso se nota, en primer lugar, en el hecho que al contrario de los otros orixás, Exú no tiene hijos o lo hace raramente. Una investigación efectuada en ese sentido en Bahía resalta que el número de hijos e hijas de Exú fue siempre reducido: María, del candomblé de Mar Grande (Itaparica); el hermano de Pulquéria (Gantois); Julia, del candomblé Língua de Vaca, que era Exú Bií; Sofía, del candomblé de Ciríaco, que era Gikete. Todos murieron ya, la última recientemente.
Ocasionalmente, vi uno en el candomblé de Bernardino, en mi último viaje a Bahía, cuya danza no pasaba de movimientos espasmódicos o de furor sagrado con el rostro endurecido en una expresión de maldad convencional. Entre paréntesis, notemos que de los cinco Exús citados, dos pertenecían a candomblés bantúes, uno a candomblé ijexá y dos a candomblé quetú. Al contrario de las otras hijas-de-santo, tan orgullosos de pertenecer a sus patronos, estos hijos de Exú no se enorgullecían de su suerte.
Sofía, por ejemplo, creía, aunque erróneamente, que su Exú no era verdadero, que el babalorixá, por engaño, había fijado a su cabeza a uno de los servidores de Ogum -que, efectivamente, en todos sus viajes es siempre acompañado de varios Exús-, en lugar del propio Ogum al cual creía debería pertenecer. Un miembro del candomblé de Ciríaco, que encontré en otro terreiro, me dijo justamente de Sofía: Ella está llegando al fin de sus tormentos. Pues una hija de Exú no le conserva toda su vida, al contrario de lo que sucede con los otros orixás, no permanece poseída por él, sino durante siete años. Al fin de ese tiempo, la deja, dado que es un santo terrible y su presencia en la cabeza de una persona acarrea mucho sufrimiento para ésta.
No sé en qué medida esa afirmación de una posesión provisoria es exacta, pues nunca fue confirmada por otros informantes. Aún más, me encontraba en un terreiro bantú, en esa conversación se daba bien la noción del clima de malestar en que deben vivir los hijos de este santo. La posesión de Exú se distingue de las otras, en los terreiros yorubas, no se trata de simples diferencias de grado, en la violencia de la manifestación, por ejemplo, y sí de verdadera diferencia de naturaleza. El propio lenguaje refleja esta oposición: No se dice de alguien que está poseído por Exú, sino que carga a Exú, como un gran peso que dolorosamente se arrastra. Por influencia cristiana, algunas veces esta carga es considerada punición divina.16 Fue Édison Carneiro quien más insistió en esta diferencia:
No se dice que la persona es hija de Exú, sino que tiene un cargo de Exú, una obligación para con él, por toda la vida. Ese cargo se entrega a Ogunjá, un Ogum que mora con Oxóssi y Exú, y se alimenta de comida cruda, para que no tome cuenta de la persona. Si a pesar de eso, se manifestara, Exú puede bailar en el candomblé, pero no en medio de los demás orixás. Esto aconteció cierta vez en el candomblé de Tumba Junçara (Ciríaco), en Beiru: 17 La hija danzaba tirándose en el suelo, con los cabellos despeinados y los vestidos sucios. La manifestación pareciera tener carácter de provocación. 18
En suma, el pequeño número de hijos de Exú, la diferencia de los términos empleados para las crisis de posesión de los orixás y de los Exús y la vida de sufrimientos de las personas que tienen por destino cargar a Exú en la cabeza, es señal del carácter diabólico que se prende a su divinidad.
continuará…
11. arthur ramos. o negro…, p. 209. cf. a. ramos, o folclore negro no brasil, p. 169
12. herskovits, tambores e tamborileiros…, op. cit., pp. 104 y 107
13. id.
14. édson carneiro, negros bantus…, p. 48
15. ibid., p. 49
16. geraldo pinheiro, a quien escribimos para obtener informaciones con respecto al culto de exú en los candomblés de amazanas -de origen nagó-daomeano-, y respondió: la tradición de los negros del maranhao, recogida por mí en manaos, afirma que en esta ciudad exú posee un aparato escogido para sus encarnaciones, para revelar sus deseos y sus terribles avisos.
17. se trata, por consiguiente, de sofía de quien hablamos ya.
18. édson carneiro, candomblés…, p 49