desperté de inmediato con el primer son de los tambores. se escuchaban lejanos y cercanos a la vez. entonces supe que había llegado el momento. dormité más que dormir debido a la ansiedad.

ya me habían contado en diferentes ocasiones que en san clemente acuden la mayoría de los seguidores de iemanjá cada año. por alguna razón prefieren esas playas entre las todas las del partido de la costa.

junté mis ofrendas y desperté a los otros. después de algunas idas y vueltas salimos todos juntos. caminé descalzo -como corresponde- hasta la playa, no más de 200 metros. mientras vadinho juntaba unas conchitas de mar para una amiga, yo buscaba la mejor ubicación.

me llamó la atención que cada grupo de adeptos, según su terreiro, realizaba su propia ceremonia. africanistas pero argentinos… parecía más bien un antiguo batuque en el que cada “nación” pretendía mostrar quien la tenía más larga.

anarkish vino como observador, por esta razón notó que las ofrendas -presentes- iban acompañadas de peticiones. no eran presentes sino formas de soborno a iemanjá.

hice lo que cualquier hijo de candomblé hubiera hecho en ese momento. busqué mi propio espacio, apartado de los demás.

me acerqué a la orilla y repasé fotográficamente en mi cabeza a mucha gente que quiero y aprecio, a medida que depositaba los objetos.

retrocedí tres pasos -a una reina nunca se le da la espalda-, y esperé…

podrán creerlo o no, me da igual, pero antes de los tres minutos, una ola recogió todas las ofrendas. desaparecieron delante de mi vista.

recité el oriki que aprendí para la ocasión. retrocedí otros siete pasos, y me fui sin esperar nada a cambio.

volvimos todos juntos y llenos: anarkish de preguntas, vadinho de conchitas, y yo de satisfacción. los demás, mutis por el foro.

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