08 12 2011

TONY y el FUEGO

ESCRITO EL 14-05-2007

Tony era un tipo que tuvo que salir a trabajar desde chico, y por esta razón, carecí­a de una educación formal, sin embargo a través de su esfuerzo, habí­a conseguido una buena posición económica. Se sentí­a orgulloso de ser una especie de Minguito Tinguitella “pero con guita”. Me llevaba algo más de diez años. Como tení­a los medios económicos y la curiosidad suficientes, no querí­a perderse de nada. Cuando querí­a conocer algo nuevo me llamaba o invitaba haciéndose cargo de casi todo a cambio de que lo acompañase. Me decí­a: -Vos que sabés hablar…

Por aquellos tiempos a mí­ se me daba por pintar y visitar galerí­as y exposiciones, a las que Tony siempre vení­a y me hací­a toda clase de preguntas esperando que yo se las respondiera. Resultaba una buena gimnasia porque en muchas oportunidades tení­a que interiorizarme para poder responderle. Cada vez que le respondí­a que ignoraba la respuesta, me miraba con una mezcla de compasión desengañada y decí­a: -Bueno, averigualo y después me contás…

sushi

No se expresaba muy bien pero siempre tuve la impresión que sabí­a mucho más de lo que le gustaba demostrar. Por ejemplo, una de las pocas veces que le sugerí­ que vayamos a comer sushi, me respondió: -Flaco, el pescado crudo no me gusta…

Es decir, el interesado en el sushi era yo pero no tení­a noción de qué se trataba, y aun no eran las épocas de auge del “sushi menemista”, Tony ya tení­a nociones del “pescado crudo”.

Una noche fuimos a probar qué era el sushi. Tony vino con su esposa mientras yo aproveché para invitar a una futura maestra de clase media a quien habí­a conseguido sacarle el número de teléfono la semana anterior y querí­a impresionar.

Ahí­ estábamos los cuatro. Tony -el que decí­a que no sabí­a hablar- habí­a conseguido reservas en el viejo Morizono. Mientras degustábamos sabores nuevos con un poco de temor a lo desconocido. El silencio de templo budista -y el hielo- lo rompió Tony como pensando en voz alta.

-Estos chinos son unos vivos…

Aunque su esposa y yo estábamos acostumbrados a este tipo de salidas, nos miramos extrañados y esperamos que continuara. Al ver que nada sucedí­a, mi invitada le preguntó:

-¿Cómo? ¿Qué estás queriendo decir?
-Digo que seguro que con la guita que nos cobren por este “chopsú” los chinos estos se van a comer un tremendo asado.

La futura docente no pudo con su genio, y aunque recién lo conocí­a, intentó corregirle:

-El chop suey es una comida con verduras de origen chino y el sushimi es salmón rosado y de origen japonés…
-Bueh! chino, japonés, es lo mismo! -interrumpió Tony.
-No es lo mismo. -insistió pichimauida- Es como su vos vivieras en Madagascar y pensaran que sos boliviano…

Tony endureció su expresión y dijo: -¿Y qué tiene de malo ser boliviano, eh? ¿De dónde saliste, pebeta?

El ambiente zen comenzaba a enturbiarse, la esposa de Tony hací­a gestos incómodos para disculparse con mi invitada. Cuando intenté cambiar de tema, fui interrumpido por Tony:

-Mirá piba, te voy a decir dos cosas al precio de una. Primero que por más palabras bonitas que sepas decir, tu comentario me sonó medio racista. Punto dos, hoy nos van romper el culo, y no hay problema porque vine preparado y para hacerle pierna a mi amigo. Lo importante, lo que quiero que sepas es que por más velitas y chirimbolos que le pongan, estamos comiendo un choripán japonés.

Mi amiga puso cara de resignación y se llamó a silencio. En cambio a mí­, dada la situación y además de la curiosidad, me dio la sensación que Tony querí­a seguir hablando del tema y le di pié.

-¿Porqué decí­s que el sushi es un choripan, si sabés que esto tiene mucha elaboración?

La esposa me miró con una sonrisa suponiendo que lo estaba poniendo en su lugar. Por su lado, Tony algo fastidiado y como haciéndome un favor, me dijo:

-Mirá pibe. -cuando me decí­a pibe era señal que se estaba calentando- A ver si la entienden los tres. Para hacer un choripán necesitás de un maestro panadero y un ingeniero en alimentos que arme los chacinados, sin tener en cuenta que si ponés a un paparulo en la parrilla te arruina el morfi…

Cuando se empezaba a enojar era muy gracioso, así­ que resuelto a llegar al fondo de su “teorí­a” lo dejé de acicatear para que continuara hablando.

-¿Sabés de dónde viene el sushi?
-De Japón. -interrumpió su esposa, queriendo dar por finalizada la conversación.
-¿Pero quieren saber quien lo inventó?
-¿Quién? -preguntó la futura maestra con ironí­a.

Supuse que el resto de la conversación prometí­a ponerse más jugosa.

-¿Quién inventó el sushi, Tony?
-Quien quien, no tengo idea. Lo que sí­ sé es que fueron unos pescadores chinos cagados de hambre…

A pesar de sus expresiones, ya entendí­amos todos que le decí­a “chinos” a los japoneses, pero esto que comenzaba a decir empezaba a tener alguna lógica.

-Flaco -en esa época lo era- a vos que te gusta leer podés investigarlo y después me contás bien, pero la cosa es que estos CHINOS cocinaban sin fuego para que no se les incendiaran las canoitas que usaban para pescar. Y te digo CHINOS… porque los ponjas se afanaron la receta. Lo más imprtante cá, lo que quiero decirte es que este chopsú es comida de laburantes y pobres igual que el choripán. Si no digo siempre que los argentinos nos creemos unos vivos bárbaros y somos unos giles. estos chinitos nos venden pescado crudo a trescientos mangos y se morfan el asado nuestro que pagan a diez mangos el kilo…
Por algo ellos son potencia y nosotros estamos como estamos…

A la señorita maestra -así­ le decí­a Tony cuando me preguntaba si continuaba en contacto- no la volví­ a ver más. Una lástima porque estaba buena, pero me quedó un buen amigo, de esos que te dicen las cosas en la cara.

    Todos estos recuerdos me llegaron durante la reciente madrugada del lunes, mientras me termino de cenar el sushi que me invitó Germán y pienso que mañana tendré que renovar la garrafa de gas que se murió el sábado a la mañana.