Hace unos días, separando maleza de los ajenjos, sin querer, le corté dos ramas. Llené con agua una copa hurricane que dejé apoyada sobre un estante que hay encima de la heladera, y sumergí sus tallos.
Habrán pasado unos quince días.
Hoy, desde la cama, observé que una de las ramas continúa tan fresca como el día que involuntariamente la separé de su tronco, mientras que la otra está mustia, casi seca.
Aprovechando las ganas de un whiskey, mientras enfriaba el vaso con hielo, miré y noté que la rama semi podrida ya tenía siete raíces pequeñas y tres bien determinadas, en tanto que la otra, la esbelta y rozagante, aún no ha generado ni un filamento…


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