07 12 2011

Final de la UTOPIA

Nos encontrábamos en el viejo ABC de Canning y Córdoba. Cuando Floreal no monopolizaba la conversación con Cortázar y Arlt, Carlos y Osvaldo aprovechaban para discutir de polí­tica.

utopia

Floreal era cortaziano y maestro de primaria, militante e hijo de militantes del antiguo PC. Carlos era un licenciado en historia desocupado que editaba un folletí­n trostkista -que yo componí­a en la pc ad honorem- mientras Osvaldo, vendí­a libros, a pesar de sus dos Master en Ciencias Políticas. Se enfrentaban en cada cuestión ideológica.

El tibio que viví­a de hacer diseño gráfico -especie de artesano pos-moderno-, según ellos, era yo: El anarco y ex-cristiano…

A veces, las cosas se salí­an de forma. Cuando Carlos acusaba a Osvaldo de ser un “intelectual” y poco práctico, este último hací­a gala de los cinco o seis años de edad diferencia y sacaba a relucir su pasado montonero. Entonces contraatacaba acusando a Carlos de mecanicista, lineal y poco dialéctico.

Algunas veces se aliaban. Por ejemplo, si Carlos querí­a agredir a Osvaldo, quien habí­a estudiado en la Universidad de El Salvador -en su época, la UBA no tení­a su carrera- lo comparaba conmigo en cuando a la “formación religiosa”

-Andá a tirar bombas y escondete detrás de las sotanas… -le decí­a enojado.

Otras veces lo aliaba con Floreal por ser dos “malditos estalinistas”. Floreal y Osvaldo se divertían poniéndose de acuerdo y lo cargaban diciéndole que una tarde de esas contratarí­an a un jardinero andaluz y se lo mandarí­an a la casa.

Una tarde la cosa se fue tan de mambo, que casi se van a las manos. Carlos acusó a Osvaldo de “peronista”, y éste último trató a su acusador como “Gorila”.

Así­ pasábamos horas, cafés y humo…

Sólo se ponían de acuerdo a la hora de volverse contra el ex-cristiano, el burgués. A veces, Floreal se compadecí­a de mí­ y les retrucaba, que yo “tení­a derecho a ser burgués porque era un artista”… lo decí­a en serio. Un poco porque yo pintaba, pero sospecho que más que nada, para no entrar en contradicción con las palabras de Cortázar, a quien Floreal tanto admiraba.

A la hora de pagar los cafés, era el burgués quien metí­a la mano en el bolsillo, porque era el único que viví­a de su trabajo.

Mis amigos revolucionarios viví­an en sus casitas del barrio alto que sus padres les habí­an obsequiado y aún más, todavía salí­an a su auxilio cada fin de mes para tapar los agujeros que la revolución les producí­a en los bolsillos.

Una tarde que se fueron temprano, aproveché para quedarme algunas horas solo. Después de pensar un largo rato llegué a algunas conclusiones: La mayorí­a no las recuerdo, aunque hay una que sí­, porque esa tarde sucedió algo que me ayudó a comprender empí­ricamente las palabras de Marx, cuando decí­a que lo material todo -incluso en el plano ideológico- lo condiciona -en el sentido espinoziano- en última instancia.

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Fue cuando reacordé que tení­a un trabajo sin terminar y que debía entregar a primera hora de la mañana siguiente para poder pagar la luz y el gas. De todas maneras no me fui corriendo, esperé un rato más.

-¡Mozo!
-¿La cuenta?
-Otro y la cuenta..

Desde ese dí­a, mi mejor amigo de bares tiene nombre y apellido: se llama Jack Daniels.. Dejé de ir a las reuniones del comité de la revolución