Ayer recordé la tarde que con dieciseis años fui a visitar a un oftalmólogo. Podía distinguir durante noche la marca de un auto, la línea de colectivo a más de quinientos metros. Leía a luz de vela o con una linternita para no molestar a mi hermano que tenía el sueño muy liviano.
La visión fue siempre uno de mis privilegios naturales pero yo quería usar unos anteojitos como los de Lennon. Entonces convencí a la Vieja con que necesitaba lentes.
Inocente, pidió hora y allá fuimos. Comenzó el examen. Podía ver las letritas más pequeñas cerrando un ojo. Yo insistía con que necesitaba anteojos, así que el doctor también accedió a mi capricho y realizó un exámen del “campo visual”.
Aun sonrío cuando recuerdo el método: Una pantalla blanca con un puntito ínfimo que aparecía sin aviso. Yo debía hacer sonar una especie de timbre cuando lo veía. Creo que lo exasperé porque le dijo a mi Vieja:
-El campo visual de su hijo es extraordinario. Tiene vista de mosca.
No me sonó muy simpático pero era verdad.
Pasaron muchos años. Desde hace dos años que comencé a perder la vista de manera notable. Especialmente durante el 2011. A día de hoy, puedo confundir un camión con un colectivo a menos de ochenta metros. Cuesta mucho enfocar, mientras que puedo estar más de un minuto para embocar un hilo en una aguja.
Ayer desenchufé el teclado de la PC para limpiarlo y al volver a conectarlo, lo hice mal y doblé una de las patitas del PCI. Sinceramente estuve más de quince minutos PARA VER esos malditos conectores. Creo que conseguí enderezarlo con el mini destornillador basándome en la memoria -irónicamente- visual.

Todo indica que la Presbicia inició su carrera voraz. Comenzó la decadencia final.
Podría apelar al mientras miro las nuevas olas yo ya soy parte del mar y boludeces por el estilo, pero no… No me asusta.
El resto, lo que importa, todavía funciona… Y aún puedo leer, además y a fin de cuentas, el lema de la casa siempre fue Más vale gastarse que oxidarse.
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Y para concluir, tres refranes concatenados: Comenzamos a valorar las cosas exactamente en el momento en que las perdemos, así que a disfrutar de lo que queda porque los años no vienen solos. Y además, señoras y señores, aunque sea treinta años después, tendré mis anteojitos de Lennon. Lo que indica que TODO LLEGA.
Anagrama de PRESBICIA
apercibis – percibias
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