Y el principio fue
Cuando se escribe, cuando quien lo hace es ganado por las palabras, ya no queda vanidad posible. Uno ya no es uno, sino la múltiple diversidad del acto de escribir en lo que se vive, sueña, recuerda, piensa. Más allá del oficio, más allá del límite del cuerpo. Cuando se escribe, acuden las dudas de una nueva pesadilla, desatada, informe… No es crueldad de la obsesión, sino pasión desplegada en otra línea, y otra, hasta el oscuro final del pulso.


