Persecución, muerte y canibalismo para un poeta

El título nada exagera, proviene de una nota “cultural” publicada por Tiempo Argentino en la sección de marras. La firma Demetrio Iramain, que firma como poeta, y hasta no hace mucho lo hacía como sociólogo. Su diatriba culmina de la siguiente manera:

Esa lectura posmoderna de la generación perseguida por el terrorismo de Estado, encandilada por las luces del centro que irradiaban fin de la historia, muerte de las utopías y caída del Muro de Berlín, fue superada por los propios acontecimientos. Los versos de Casas resultan un buen acercamiento para quien quiera leer en clave poética lo que nos pasó a los argentinos en el menemato. Pero concluidos los ’90, así como están no sirven más. En esta parte del mundo, tan dolorida de injusticias, la necesidad de “matar a los padres” y nacer a lo nuevo no es un asunto de vanguardias literarias, sino un mandato de la historia. No hay otro modo de ser y vivir. Vamos a comer Fabián Casas.

Veamos qué escribe el poeta comisario macartista:

[...]

Quédese hasta terminar.
No haga paro, no vaya a la asamblea.
Un juez está para legitimar
al que siempre gana la pelea.

No pregunte qué fue la dictadura,
ni quiénes fueron afines a ella.
La calle sigue estando dura;

la de ojos vendados no es tan bella.
Antes de fallar, consulte al patrón y al cura.
Esta Justicia no será jamás plebeya.

Un buen juez siempre es más o menos.
La ley es interpretación:
según sus posesiones… vemos.

Ejem. Con versos de tanta miseria léxica e ideología de cartón, no da ni para reirse, todo lo contrario, sino para pensar en que la propuesta del artículo va en serio. Un kirchnerista caníbal amenaza a Fabián Casas. Un psiquiatra ahí.

Nota bene: ¿Tiempo Argentino no tiene editores? ¿Cómo semejante imbécil puede dirigir una publicación de las Madres? ¿Andan con síndrome de abstinencia schoklenderiano? Un contingente de psiquiatras ahí, también…

1 Comentario to “Persecución, muerte y canibalismo para un poeta”

  1. Pero mi amigo, el kirchnerismo SIEMPRE fue esto, una apología autocelebratoria de su propia conciencia de ignorancia marginal, de lectores semieducados de Clarín que un día les dijeron que ese pasquín los estuvo estafando durante sesenta años…

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