Otra forma de la ceguera

Pero tenemos que ser sinceros. Al menos una vez. Al libro no lo está matando el cine. Ni Internet. Ni el teatro. Ni la televisión. Ni los e-books. Ni siquiera la piratería. Al libro lo está matando la gente que proclama que el libro es mejor cuando nunca leyó el libro. Los que se amparan en esa perogrullada, en ese paraguas enorme cobija-charlatanes, en esa frase hecha incuestionable que en el fondo, no dice nada. Así que ya basta con la muerte del libro, que al libro el mundo audiovisual no le ha hecho nada. Son ellos, los que acuñan esa frase idiota, los que están haciendo el trabajo sucio. Ahora mismo, sin ir más lejos, quizás haya uno aquí, agazapado y listo para reenviarle esta columna a un amigo cuando ni siquiera la terminó de leer.

Carolina Aguirre es una profesional del mercado editorial y sus meandros. Hay mucha gente trabajando en ese rubro. Algunos con mayor visibilidad que otros, pero todos bajo la misma consigna: “a mejor marketing, mayor remuneración”. El tema de su columna tiene más de cien años de vigencia: cine y literatura. Recuerdo una nota de Savater del año 2001 sobre la cuestión: el operador cultural de la madre patria no hizo más que recortar, barajar y pegar, artículos de un libro publicado en España donde se antologaban reflexiones sobre el cine de diversos autores (Virginia Wolff, Chandler, etc…).
Hace dos semanas leí un artículo sobre Anagrama y la construcción de su catálogo, qué intencionalidad guardaba, qué representaba la serie para la cultura de habla hispana: United Colors of… En sí, la observación no deja de ser veraz, pero equivoca la textura que atañe: la pregunta es otra, ¿qué uso político del lenguaje realiza una editorial? Y en el caso citado, ¿de qué manera la traducción normada por una línea editorial no es una declaración impositiva de cierta dominación política del saber? ¿A qué corresponde tal actitud?

Esos mismos interrogantes también parten del lector hacia los medios adaptadores de textos: ¿por qué existen ciertas normas de hierro para la relectura en la industria de la imagen? No se trata de un decálogo grabado en bronce, sino de las presuntas normativas que hacen prurito en función de que lo representado sea el centro de la escena, en sí, una forma de realismo ineludible: la imagen es la continuación de la vida. El carácter enfático tiene su consagración en el multimedia on-line: hoy, la realidad está investida por el subrayado y la conclusión política como nota al pie. Mediando, está la publicidad que activa lo público del sustento en eso otro: y el producto debe ser grávido, tangible, a la vez que metafórico y vocativo.

Para salvarnos, es bueno probar la verdad de alguna idea. Por ejemplo: “los mejores films basados en libros son aquellos que contienen una o dos ideas geniales.” Y también: el cine opera con la duración, la memoria y lo ausente. Y en eso comparte el uso de una herramienta carnal con la literatura: el ojo, en tanto lector, en tanto espectador. Caracteres y formas remiten a dos experiencias disímiles, de consecuencias estéticas polares: leer y mirar. A través de ellos está el deseo. Vale aclararlo, como una forma de despojarnos de todo un aparato que produce costras, capas de mugre cultural que nos hacen insensibles, durmientes, zombies desterrados.

1 Comentario to “Otra forma de la ceguera”

  1. Carolina Aguirre es blaaaaaah… cómo llegó a publicar en La Nación es algo que no llego a entender a menos que blaaaaaah sea lo que quiere La Nación. Sinceramente, si esa es la escritora más marketinera que el mercado editorial argentino puede conseguir estamos graves (igual no es ella, es Florencia Bonelli y eso da para hablar largo y tendido :S).

    Además de tus preguntas sobre qué uso político de la lengua realiza una editorial, también es interesante preguntarse qué uso político se hace del mismo libro, o qué busca una editorial con el mismo vaciamiento de los libros. Si se publican libros vacíos (ponele uno de Belén Franchese), entonces el libro no desaparece porque lo reemplaza una nueva tecnología sino porque se ha vaciado de contenido y el contenido se va hacia otros lugares donde reciba aceptación, un blog por ejemplo. Ocurre lo mismo con los diarios y revistas: si puedo leer gratis en internet las mismas noticias redactadas de la misma patética manera, para qué gastar? Es porque se han vaciado de contenido, porque no traen nada para leer (realmente leer) que dejan de servir.

    Saludos!

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